Por Guillermo Dorronsoro
En los últimos años, tecnologías como los Gemelos Digitales Territoriales (por ejemplo, los desarrollos impulsados por la Comisión Europea a través de Destination Earth) están ganando espacio en regiones como Navarra. No es casualidad: detrás de estas herramientas late una tendencia mayor y más profunda. No se trata de los modelos 3D, ni de las simulaciones; se trata de algo mucho más estratégico: la necesidad creciente de anticipar, experimentar y tomar decisiones con mayor inteligencia colectiva.
La innovación ya no consiste solo en desarrollar soluciones; consiste en construir capacidades de lectura del entorno, de colaboración institucional y de adaptación rápida. Y pocas tecnologías ilustran mejor este cambio que los GDT.

Buena parte de los retos que enfrentan gobiernos y empresas hoy no son técnicos, sino de interpretación. Disponemos de más datos que nunca, pero la cuestión clave es: ¿qué hacemos con ellos? ¿Cómo convertimos señales débiles en decisiones sólidas? En este sentido, los principios de la innovación orientada a misiones (bien descritos por Mariana Mazzucato) ayudan a entender por qué este tipo de herramientas están creciendo.
Los GDT, utilizados como metáfora, nos devuelven una idea esencial: hoy innovar es aprender a ver mejor. Ver conexiones entre sectores, ver riesgos antes de que aparezcan, ver oportunidades que aún no tienen forma. La estrategia se construye desde esa capacidad de lectura.
Las administraciones y las empresas que lideran hoy no destacan por la cantidad de proyectos que gestionan, sino por su capacidad de orientarlos hacia un propósito transformador. Navarra lo ha entendido bien: la energía, la movilidad, la salud o el territorio ya no se abordan como compartimentos estancos. En este enfoque, la innovación no es un catálogo de proyectos sino un proceso continuo de alineación con misiones compartidas.

El verdadero salto ocurre cuando pasamos de gestionar convocatorias a gestionar misiones; de financiar actividades a impulsar capacidades; de innovar dentro de la organización a innovar con el ecosistema. Esta perspectiva está muy presente en las agendas europeas de innovación y digitalización territorial, incluyendo el Digital Europe Programme.
Vivimos un tiempo en el que los ciclos de cambio son tan rápidos que la planificación clásica ya no sirve. Lo que marca la diferencia es la capacidad de anticipar escenarios, simular alternativas y prepararse para un abanico de futuros posibles. Los avances recientes en modelización y análisis predictivo (por ejemplo, los trabajos del Joint Research Centre) muestran hasta qué punto esta capacidad será una ventaja competitiva decisiva.
Aquí de nuevo los GDT inspiran una idea más amplia: el futuro no se predice, se ensaya. Las organizaciones que experimentan, que simulan, que prueban, que ajustan, son las que sobreviven. Y esto vale tanto para una empresa industrial como para un departamento público que decide cómo orientar sus inversiones.

A menudo hablamos de tecnología y olvidamos que la verdadera innovación depende de la infraestructura social: confianza, colaboración, gobernanza, reglas del juego. Sin esto, las herramientas digitales quedan en un segundo plano. Navarra ha construido en los últimos años una base sólida donde universidades, centros tecnológicos, administraciones y empresas colaboran de forma estable. Sobre ese ecosistema es donde tecnologías como los GDT pueden desplegar su verdadero potencial.
No es la tecnología lo que crea el ecosistema; es el ecosistema el que permite que la tecnología genere valor. Esta es una lección coherente con los estudios sobre innovación en red descritos por autores como Philip Cooke o Ron Boschma.
Hay una última capa, quizá la más importante: las personas. Innovar es un acto humano. Requiere pensamiento crítico, apertura, curiosidad, cooperación y cierta armonía con la incertidumbre. Ninguna herramienta tecnológica sustituirá esto. De hecho, cuanto más sofisticadas son las tecnologías, más esenciales se vuelven las capacidades humanas: interpretar, conectar, orientar, decidir en entornos complejos. Una lectura complementaria muy interesante en este contexto es el informe “Skills for Industry” (OCDE).

Los GDT, igual que otras tecnologías transformadoras, no reducen la necesidad de criterio; la multiplican. Hablar de Gemelos Digitales Territoriales es hablar de tecnología, sí, pero sobre todo es hablar de una forma diferente de pensar el futuro. Son un recordatorio de que necesitamos instituciones ágiles, empresas capaces de explorar nuevas fronteras y territorios que apuesten por una innovación abierta, colaborativa y con propósito.
La tecnología cambia rápido. La oportunidad está en construir sistemas capaces de aprender tan rápido como la propia tecnología. Y ahí es donde Navarra puede marcar la diferencia.
¿Quieres ser parte del cambio? Escríbenos para conocer más de este proyecto a info@twininnovacion.com. Síguenos para conocer las últimas novedades y oportunidades: TwINenNavarra.
TwIN es un proyecto del Gobierno de Navarra, con la colaboración del Ayuntamiento de Pamplona. Coordina su ejecución de Tracasa Instrumental. Forma parte del programa RETECH, Fondos Europeos Next Generation.